Velilla de Ebro

Velilla de Ebro - Colonia romana Lépida-Celsa

Cómo llegar

De las dos opciones que hay para alcanzar nuestra meta hemos elegido la más corta, cómoda y divertida, por la que saldremos de Zaragoza en dirección Castellón.

Al comienzo es vía rápida, once kms. por la A-68 hasta llegar al Burgo de Ebro, donde termina enlazando con la N-232.  En nuestro circular tenemos las hoy ineludibles travesías de Fuentes y Quinto de Ebro, en ésta última deberemos ir con atención porque, justo a la salida del municipio, se toma un desvío a la izquierda para entrar en la A-221. Idéntica ruta que para el Monasterio de Rueda solo que la abandonaremos al poco de su comienzo, justo en el desvío hacia Gelsa de Ebro, debiendo cruzar el río Ebro por la A-1105.

Pasamos esta localidad y al final de la travesía tenemos un desvío a la derecha de la marcha para tomar la CV-661 que nos llevará hasta Velilla, en un corto trayecto de casi cuatro kms.

Tras llegar a Velilla, hay que seguir la dirección de Alforque hasta que se encuentra el icono del museo, en donde se exponen los objetos hallados en las excavaciones realizadas en el yacimiento. La dirección del Museo Provincial de Zaragoza, del que depende, recomienda girar la visita empezando por el museo, para poder entender mejor el posterior itinerario del yacimiento.

Con ambos proyectos, la instalación museográfica estable y el tratamiento de las ruinas al aire libre, la colonia Celsa se pone a la disposición del visitante en una de las más felices ideas surgidas en torno a la revitalización de nuestro patrimonio arqueológico y llevada a cabo por el Ministerio de Cultura y la Diputación General de Aragón en un proyecto común, si bien les es reprochable la falta de continuidad y el haber rebajado la intensidad en las excavaciones, paralizadas desde hace unos años, en aras de sacar a la luz todo lo que este entorno esconde.

El lugar

Velilla de Ebro es una localidad situada en la margen izquierda del Ebro cuyo suelo entierra una de las más significativas ciudades de la Hispania romana, la antigua colonia que fue residencia de prefectos y triunviros y que hoy es el principal motivo de nuestra visita, a pesar de que este pueblo posee una riqueza histórica que abarca desde el siglo III a. de C., como ciudad íbera de gran pujanza económica sobre la que se levantó lo que sería esta primera colonia romana en el valle medio del río, hasta la dominación árabe y su posterior reconquista por Ramón Berenguer IV.

Acoge una de las sedes del Museo de Zaragoza, que fue inaugurada en el año 1997, se sitúa en un edificio de arquitectura funcional, dedicada a la exposición de parte de los hallazgos del cercano yacimiento. En él encontramos tanto los paneles explicativos como los materiales de forma muy didáctica y amena que nos permitirán entender como era la colonia. También encontraremos maquetas que nos muestran como es una excavación o una de las casas excavadas: la llamada de los Delfines.

Uno de los rincones más llamativos es el que muestra la restitución de una pared de la casa de Hércules, con dos grandes capiteles corintios, una inscripción funeraria en piedra y un ánfora de salazones de pescado gaditano (del siglo I a. C. al I d. C.)

Hay una vitrina dedicada a las monedas y cerámica decorada de la Celse íbera, para pasar a continuación a exponer los objetos relacionados con diferentes aspectos de la vida: los cultivos y la cría de animales, artesanía (telares, cerámica, objetos de bronce), la forma de construir, decoración de las casas (con restos de bustos pequeñitos y pinturas magníficas), objetos de la cocina y de la mesa, juegos y pasatiempos, objetos de adorno personal, amuletos y ritos de enterramiento.

En la visita al museo contaremos siempre con la presencia y colaboración de Carlos, encargado del buen orden y de que todo esto funcione, quien nos indicará como poder llegar al cercano yacimiento para completar el recorrido tal como está recomendado.




MUSEO MONOGRÁFICO

Horario:

•  Martes a domingo: de 9 a 13 horas

•  Miércoles: de 16 a 18 horas

•  Lunes y festivos no dominicales, cerrado

Entrada:

•  Gratuita miembros CE


La cronología de esta colonia es muy breve, sólo abarca del 44 a. de C. hasta el 70 d. de C., lo que hace suponer que tuvo un rápido crecimiento (se calcula que llego a tener 3.500 habitantes) desempeñando durante esos años un papel fundamental como cabecera de la región, de nudo de comunicaciones al estar ubicada en la Vía Augusta, de intercambios comerciales al contar con cauce fluvial navegable, y como uno de los lugares elegidos por los romanos para comenzar la romanización en la parte norte de la Península Ibérica. Hasta allí llegaban salazones béticas, vino de Tarraco, cerámica de Tarso y del norte de África,  mármoles tunecinos, turcos e italianos, etc. Todo ello hasta que pronto perdió poder en beneficio de Caesaraugusta.

Marco Emilio Lépido, gobernador de la Hispania Citerior, le otorgó el rango de colonia que era el más alto que Roma daba a una ciudad, siendo ésta y Caesaraugusta las dos únicas colonias que hubo en el Aragón romano. En ella se asentaban veteranos licenciados de las legiones, los cuales recibían un lote de tierra para cultivar y en época imperial la ciudadanía romana.

A finales del emperador Claudio, o en los principios de Nerón, comenzó a decaer sin signos de violencia. Su declive irreversible se convirtió en abandono, estrechamente relacionado con las guerras civiles del año 68 d. de C., y la tierra fue cubriéndolo todo sin que otro pueblo se asentara sobre ella. Los motivos de este abandono no están nada claros, hay hipótesis que apuntan a la cercanía de la colonia Cesaraugustana y otras que se inclinan por que el motivo fue que Roma le puso demasiadas trabas administrativas, en cualquier caso uno tiene la sensación y el asombro de la enorme rapidez con que lo hicieron, demostrando la practicidad del pueblo romano .

Según se nos muestra en las monedas inicialmente se llamó Victrix Lulia Lépida en referencia a Lépido, que como decimos fue su fundador, hasta que cayó en desgracia y fue desterrado por Augusto, pasando entonces a denominarse Victrix Lulia Celsa, recuperando así su antiguo nombre íbero.

De todo el amplio conjunto de emisiones monetarias que se han hallado en las excavaciones arqueológicas, destacan por su curiosidad las denominadas "bilingües", que se caracterizan por llevar un doble letrero en signos ibéricos y en latín. Esto da pie a pensar que se acuñaron en un periodo que va desde el final de la antigua Celse hasta la fundación definitiva de la nueva colonia por Roma. 

Al pie del monte Purburell, y dominando una posición envidiable sobre la vega del río, están las excavaciones donde se conservan abundantes restos, sobre todo de su última época, de viviendas privadas y red viaria (que a mi personalmente me parece impresionante), además junto a dependencias domésticas se han encontrado otras de uso vario como diversas  tabernas, un pequeño mercado, restaurante, panadería y un área de almacenamiento, aunque se conoce mal lo relativo a las arquitecturas públicas (termas, teatro, foro). La colonia no tuvo muralla y se desconoce el perímetro exacto de la misma aunque se sabe que ocupó una amplia zona de casi 44 hectáreas, distribuidas en suaves terrazas sobre el río Ebro, no se tiene tampoco excesiva información del área funeraria.

Podremos comprobar como los arquitectos romanos estudiaron detenidamente los desniveles de este terreno aterrazado, para que las calles evacuaran el agua de lluvia hacia el Ebro porque, a diferencia de otras ciudades romanas conocidas, ésta no tenía alcantarillado. Por ese motivo las arterias principales de la ciudad son paralelas y perpendiculares al río.

Culminada nuestra visita al yacimiento arqueológico podemos acercarnos al pueblo pues, como decimos, tiene otros muchos puntos de interés dignos de atención.

Ermita de San Nicolás de Bari

El Mirador y la Ermita de San Nicolás están ubicados sobre una elevación que domina todo el municipio y una amplia panorámica de la vega del río Ebro. Se accede a ellos por una escalinata de piedra que enlaza con la iglesia parroquial consagrada a Nuestra Señora de la Asunción. Esta escalera conserva restos de un antiguo vía crucis de alabastro.

Los orígenes de la ermita son remotos aunque se supone levantada sobre los restos de un antiguo templo romano (dedicado a Diana según dice la tradición) del que aprovecha el ábside semicircular y un ventanal, el resto corresponde a los años 1679 y 1713. Sobre su fachada principal se alza una espadaña con tres vanos en donde se ubicaba la legendaria "campana del Milagro".


La "campana del Milagro"

Una de las leyendas aragonesas de más amplia difusión es la de la campana de la ermita de San Nicolás de Bari, que tañía sola, sin intervención humana ni mano alguna que la «bandiase», anunciando sucesos extraordinarios, casi siempre luctuosos.

La leyenda es antigua y se funda en una de las dos que había en lo alto de la iglesia, tañendo sola, por lo común la de la derecha. Un antiguo texto nos la describe así: <En muy antiguos y desconocidos tiempos, pero antes de la venida de los sarracenos, llegó la campana del Milagro a la costa mediterránea cerca de la desembocadura del Ebro y las gentes del contorno se vieron sorprendidas porque flotaba sobre el mar, no obstante su peso, y llevaba consigo dos velas encendidas. Trataron de sacarla del agua, pero cuantas veces se acercaban a ella se hundía y emergía de nuevo cuando abandonaban la empresa. De esta forma comenzó a remontar el río contra corriente, salvo cuando los ribereños intentaban tomarla, porque entonces se sumergía. Así llegó a Velilla, donde se detuvo; pero nuevamente se hundía o sobrenadaba según que los hombres se acercaban con garfios para sacarla del agua o bien abandonaban el empeño. No obstante, no se movía de aquel lugar, como si estuviera decidido que allí quedase, hasta que se aproximaron dos doncellas y no hicieron más que poner sus manos sobre ella, cuando se elevó sobre el lecho del río, posándose en la orilla. Cayeron todos de hinojos, llevaron la campana hasta el punto donde después estuvo y le tributaron desde entonces un verdadero culto.

Comenzó la campana a obrar prodigios, sonando sola y provocando el miedo de las gentes ante las desgracias que anunciaba y la devoción y respeto de cuantos la veían tañer sin que nadie la tocase explicándose fantásticamente para unos por ser obra de campaneros godos, para otros creación de San Paulino de Nola a quien se atribuyó la invención de las campanas y generalizador de su uso, sin faltar quienes aseguraron que la habían recibido los monarcas aragoneses como especial privilegio para que tuvieran aviso de su próxima muerte, muy en relación con las devociones suasorias como la de San Pascual Bailón que avisaba igualmente a sus devotos>.

No es del caso anotar los muchos casos conocidos de campanas que tocaban solas y que anunciaban catástrofes, aunque ninguna tuvo la difusión universal que alcanzó la de Velilla.


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Dónde almorzar

En nuestra visita llevamos unos bocatas que, aprovechando el hermoso día otoñal que se nos ofrecía, devoramos afanosamente en lo alto del cerro donde se encuentra la ermita de San José, se supone era un antiguo puesto de vigilancia romano, y desde donde se tiene una visión panorámica preciosa de todo el lugar, que nos sirvió como colofón a la grata experiencia.

En la localidad solo existe el bar Asociación Lépida Celsa, por el que preguntamos y nos informaron que posiblemente no estuviera preparado para visitas inesperadas, así que recomendamos iniciar la marcha de regreso para detenerla en la cercana localidad de Gelsa, en la misma plaza de la iglesia por donde cruza la carretera, allí podremos aparcar con facilidad encontrando un par de lugares, El Casino y El Frontón, donde con seguridad podremos reponer energías.


BAR ASOCIACIÓN LÉPIDA CELSA

C/ Ángel Serrana, 1

Velilla de Ebro (Zaragoza)


(c) 2007   Ignacio Gonzalvo


Localidad: VELILLA DE EBRO


Distancia de Zaragoza: 54 Km.


Tiempo estimado: 00h56


Comarca:

RIBERA BAJA DEL EBRO


Provincia: ZARAGOZA


Población: 290 habitantes


Altitud: 152 m.

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