Canfranc

Canfranc - Estación internacional

Cómo llegar

Vamos a realizar este viaje por el acceso principal al Pirineo Central, por esa carretera que tanto tiempo lleva en obras y aún hoy sigue inmersa en ellas, la Autovía Mudéjar. Partiremos pues por la E-7, en dirección Zuera-Huesca.

Del total a recorrer un poco más de 100 km. son por vías rápidas, un paseo que con aburrida comodidad transitaremos, hasta llegar a las curvas de Arguís para acceder a los túneles de Monrepós (que están en obras).

Tras cruzar el puerto se inicia el descenso a Sabiñánigo y Jaca por la N-330. Tramo todavía sin desdoblar completamente y que, por la abundante circulación que lleva, deberemos transitarlo con atención especial.

Después de sortear Jaca cruzaremos una serie de pintorescos municipios pirenáicos enclavados en el valle del Aragón, Castiello de Jaca, Villanúa y Canfranc Pueblo para alcanzar nuestro destino Canfranc-Estación. El desvío de acceso es a la derecha de nuestra marcha pues al frente se nos abre el imponente túnel de Somport que, con una longitud de 8.608 metros, nos lleva a Francia.

El lugar

Canfranc es el perfecto ejemplo de pueblo fronterizo. A la vera del camino de Francia, en el paso menos abrupto y más transitado de todo el Pirineo Central, en medio del profundo valle del Aragón, con escasos recursos agrícolas su economía se ha basado siempre en el comercio y la acogida de viajeros y peregrinos del Camino de Santiago.

Consta de dos núcleos de población separados 4 km. entre si, el pueblo originario es Canfranc Pueblo o Canfranc Quemado (sufrió dos devastadores incendios en 1617 y 1944) y Canfranc Estación, donde se trasladó la capitalidad del municipio tras el último incendio.

Aunque la antigua villa todavía conserva parte de su patrimonio monumental, digno de una detallada visita, nuestro reportaje se centra tan sólo en la Estación Internacional de ferrocarril, modernista y de aire palaciego, convertida hoy en el emblema más conocido de Canfranc. A tal fin nos ayudamos del estupendo artículo publicado por Ricardo Grasa Alonso, de la Universidad de Navarra, en mayo de 2006.

Las enormes dimensiones del edificio aparecen ante los ojos del visitante como si se tratara de un imponente trasatlántico encallado entre las colosales montañas. Con sus más de 241 metros de longitud, sus 365 ventanas y 156 puertas dobles, 27 km. de vías, 20.000 m2 de andenes dobles, es la segunda mayor estación del continente europeo, tras la terminal ferroviaria de la ciudad alemana de Leipzig. Ahí es nada.


Construcción finalizada en 1925

A finales del siglo XIX, el gobierno español decidió construir un voluminoso proyecto que representara la expresión perfecta de la modernidad y del nuevo siglo que estaba a punto de comenzar. De ahí que la estación presenta un tamaño tan destacado. En un principio, no fue sencillo elegir el lugar en el que se situaría. El gobierno francés había apostado de forma muy seria por la construcción de una estación en Forges d`Abel, pero finalmente se decidió que tuviera lugar en territorio español, y más en concreto, en la ciudad de Canfranc. La frontera pirenaica pudo ser sorteada por un túnel a una altura inferior a los mil metros, lo que permitió disminuir las fuertes pendientes que llegaban a alcanzar cerca de un 40 por ciento.

Para su construcción fue preciso realizar una gran obra de ingeniería forestal ya que las avenidas de nieve y desprendimientos de las laderas eran constantes dada la geografía tan abrupta y la intensa deforestación a la que se vio sometida en los siglos anteriores. Para corregir este problema se realizó lo que se considera uno de los mejores ejemplos de restauración hidrológico-forestal que se conocen. De esta manera se consiguió retener el terreno y restaurar la masa arbórea, lo que posibilitó la construcción del ferrocarril que finalizaría en 1925, habiendo sufrido una ralentización ocasionada por el estallido de la Primera Guerra Mundial.


Inauguración de la Estación en 1928

En julio de 1928, el monarca español Alfonso XIII fue el encargado de inaugurarla y poner en funcionamiento los primeros servicios. Durante los años treinta, el edificio vivió su edad dorada, con un funcionamiento a pleno rendimiento y el constante tránsito de pasajeros y mercancías entre los dos lados de la frontera. Los primeros problemas llegaron en los años cuarenta, cuando la estación permaneció cerrada durante cuatro años por las manifiestas desavenencias existentes entre el nuevo gobierno de la Francia recién liberada y el ejecutivo militar de Franco.

Entre 1942 y 1945, Canfranc se convirtió en escenario de contrabando y espionaje protagonizados por fuerzas alemanas pertenecientes a las SS y la Gestapo que se instalaron en pleno territorio español, aprovechando la doble jurisdicción con la que se regía la estación. Y es que el apoyo que Hitler le dio a Franco en la Guerra Civil se tradujo en el envío a Alemania de toneladas de volframio extraído de las minas gallegas. El volframio era un elemento fundamental para el blindaje de los tanques y cañones alemanes. A cambio, se calcula que el gobierno español recibió unas veinte toneladas de oro, producto del expolio realizado a los judíos en países como Polonia o la propia Alemania. Hoy en día, todavía es posible dar con restos del volframio en las abandonadas vías de la estación.


Accidente en el puente de L'Estanguet en 1970

El tráfico normal fue restablecido durante el año 1949, y durante la década siguiente se trató de recuperar su volumen de desplazamientos. Todas las ilusiones de recobrar las intensas comunicaciones de los años treinta desaparecieron bajo los escombros de un puente francés que se derrumbó al paso de un tren de mercancías en 1970. Desde entonces, el gobierno galo dio por finalizada la utilización de la línea, haciendo oídos sordos a las reivindicaciones provenientes desde el lado español.

Así hoy la Estación Internacional de Canfranc es un tesoro abandonado. Su edificio principal, destaca por las influencias del modernismo español y francés, así como por su espectacular cubierta de pizarra. La relevancia estratégica y militar del complejo ferroviario, por la escasa distancia que le separa de la frontera francesa, fue la causa de la construcción de varios fuertes de protección. En la parte norte, se encuentra el Coll de Ladrones, monumento edificado en el siglo XVII; y en la parte sur, está la llamada Torreta de la Fusilería, proyectada a finales del siglo XIX.


Torreta de la Fusilería, ya restaurada

Declarado monumento histórico-artístico y sin embargo el olvido y la dejación política de los sucesivos gobernantes, junto a las inclemencias del duro clima de montaña, han deteriorado seriamente su estructura. Un corrompido cartel, adherido a una valla, nos viene a indicar que han comenzado los primeros trabajos de rehabilitación del edificio pero en sus estancias, el agua y la nieve se filtran por las claraboyas de cristal, completamente destrozadas. El hormigón -de piedra artificial-, al igual que el resto de elementos decorativos se ha desecho. Las pequeñas pirámides de cinc también han desaparecido. Madera carcomida de muebles que se caen a trozos. Las columnas, raídas. Las paredes, restos de un estilo pretérito, se encuentran repletas de manchas y rayas. Desoladora imagen, una autentica pena.

Pero los tiempos cambian y también las necesidades son distintas. Y en este caso, la Estación Internacional no es una excepción. Hoy en día, hasta el más rico patrimonio debe adaptarse para lograr una mínima rentabilidad y ser capaz de sobrevivir. Por ello, y tras continuos tiras y aflojas entre las instituciones locales y los gobiernos regional y nacional -con promesas incumplidas, vulneración de plazos y toma de medidas poco adecuadas-, se ha decidido finalmente acometer profundos cambios en el edificio. El acuerdo, suscrito por el Ministerio de Fomento, ha dado lugar al proyecto de una nueva estación de ferrocarril, que se situará a tan solo unos metros de la actual, y cercana al denominado Paseo de los Melancólicos. Asimismo, se llevará a cabo la rehabilitación del edificio histórico y su reconversión en un hotel de lujo y un basto complejo comercial en el que tendrán lugar todo tipo de servicios.


Torreta de la Fusilería, ya restaurada

Pero el cambio más destacado será el aumento de medio metro de altura del edificio, con el objetivo de alcanzar una inclinación superior en las cubiertas, que solucionaría los problemas de goteras. De ese modo, se dispondría además de una planta más de habitaciones en el futuro hotel y se podría abrir, en el último piso, pequeñas ventanas circulares, de tipo óculo, para la entrada de la luz. El proyecto previsto dispondría de cerca de 200 habitaciones: catorce suites de 44,20 metros cuadrados de superficie útil en la primera planta, donde la existencia de las columnas impiden cualquier otro tipo de construcción; y otras 80 habitaciones en cada una de las dos plantas superiores.

Con todas estas incorporaciones y mejoras, los vecinos del valle, y todos aquellos que nos sintamos un poco aragoneses, debemos tener la esperanza de recuperar este tesoro abandonado en el Pirineo, de que la Estación Internacional de Canfranc se alce de nuevo imponente y majestuosa, como aquel impresionante edificio que fue lleno de vida, albergando estación, hospital, hotel y numerosos servicios de principios de siglo pasado. Las obras ya están iniciadas aunque todo va despacio, muy despacio, como suele ser con las cosas de palacio, esperemos que al menos sea con buena letra porque es una lástima que algo con tanta historia se vaya perdiendo de esta forma.


Dónde almorzar

Esta localidad se encuentra bien preparada para recibir al turista y en ella podremos encontrar restaurantes, como Borda L'Anglasse, con cocina casera y especialidades típicas altoaragonesas; bares de tapas como L'Aduanilla o el Pirineo; cafeterías como Universo o La Panadería. Así tendremos la posibilidad, en cuestiones de restauración, de poder escoger entre una variada gama de posibilidades donde seguro podremos satisfacer nuestras necesidades.

La Panadería fue nuestro lugar elegido, un horno de leña desde 1852 donde, en la actualidad, se puede degustar la mejor repostería del lugar, hecha en la propia casa.


LA PANADERÍA

Fernando el Católico. 7

Tel. 974 373 284

Canfranc-Estación (Huesca)


(c) 2009   Ignacio Gonzalvo


Localidad: CANFRANC


Distancia de Zaragoza: 161 Km.


Tiempo estimado: 01h50


Comarca: JACETANIA


Provincia: HUESCA


Población: 454 habitantes


Altitud: 1.190 m.

Galería